
El endrino,
Prunus spinosa, es uno de los arbustos autóctonos que más lucen en el jardín a lo largo del año. Como todos las especies del género
Prunus, se llena de flores antes de que aparezcan las hojas, por lo que es muy espectacular en primavera.
Es plenamente resistente a heladas. En cuanto a la exposición, prefiere estar a pleno sol aunque aguanta la sombra, y vive en cualquier tipo de suelo, menos los encharcados.
Es perfecto para formar setos informales o silvestres.
Su color otoñal es precioso también, sus hojas se vuelven de tonalidades verde-rojo-anaranjadas, mezcladas con el púrpura de sus frutos.
Del origen del nombre del género,
Prunus, ya hablamos en la entrada dedicada al
almendro, y el nombre de la especie,
spinosa, hace clara alusión a las muchas y largas espinas de sus ramas, que proporcionan un estupendo refugio a muchos pajarillos, otra buena razón para plantarlos en nuestros jardín y traer vida a éstos.
Los frutos o drupas están cubiertos por una película blanquecina, que desaparece al frotarlos. Son las endrinas o arañones, con las que se elabora el rico pacharán a finales del verano, y cuya receta os escribo.
Pacharán casero
Ingredientes:
3/4 l. de anís dulce
1/4 l. de anís seco
1 kg. de endrinas
1 ramita de canela
Unos granos de café
Elaboración:
Puede utilizarse, en vez del anís, una mezcla de orujo y anís que se vende ya preparada.
En una botella, se meten las endrinas limpias, la canela (una rama por cada 3 litros. Si se hace menos, partir un trozo), y los granos de café.
Cerrar herméticamente, agitar un poco y dejarlo macerando en un sitio oscuro, de 4 a 6 meses, moviéndolo de vez en cuando para que mezcle mejor.
Si se va a consumir en poco tiempo, no hace falta colarlo. Si no, colarlo con un paño y conservarlo.